Objetos de poder


Objetos de poder

octubre 19, 2013


Julián tenia la facultad de soñar con el contenido de cualquier libro que guardara debajo de su almohada. Cuando se vio obligado a desecharla por vieja, dejó de soñar.
Indudablemente, aquella había sido una almohada mágica, o quizá unos de esos fenómenos que por desconocer su funcionamiento, vemos como sobrenaturales. Julián extrañaba sus sueños, necesitaba soñar.
Ante la imposibilidad de recuperar su almohada se vio obligado a vencer su pereza y los libros que hasta entonces había absorbido por ósmosis empezó a leerlos.


Fue pasando el tiempo, leyó cientos, miles de libros y cada libro le proporcionaba miles de universos, fantasías, sueños. Aún recordaba el prodigio de la almohada, y si bien no le importaba el trabajo de leer, extrañaba la rareza de tener un objeto mágico en su vida. Con el tiempo, olvidó el asunto.
Pasado algunos años y muchos sueños fantaseó con escribir. Adquirió una libreta negra para hacer apuntes. Al intentar garabatear algunas ideas el bolígrafo no funcionaba. Lo desechó y compró otro. Al igual que el primero este no funcionó. Así paso con 5 bolígrafos. Insistió luego con un lápiz. ¡Tampoco!
Revolvió la basura, tomo los 5 bolígrafos desechados y los probó en un almanaque colgado en la pared. Funcionaban. Intentó nuevamente en la libreta y ninguna mancha de tinta maculaba las hojas en blanco. Se encontraba, nuevamente, ante un objeto mágico, incomprendido.


¿Sería posible? Su erudición, adquirida a través de tantos estudios, le indicaba que era imposible que alguien obtuviera dos objetos mágicos en una sola vida. Uno ya era portentoso, dos imposible. Recordaba perfectamente la vieja almohada así que no podía ser, pero ahí estaba.
Observó con atención el prodigio. Estaba fascinado. Se sentía feliz con su objeto mágico. Mas bien se sentía feliz de poseer algo mágico y saberlo al contrario de su antigua almohada de cuyo poder se enteró al echar en falta los efectos de esta. Ahora se sabía poseedor de un objeto de poder.
Analizó la libreta. Era de tapas negras, hojas en blanco sin renglones. Una libreta normal de espirales. Nada extraordinario salvo su inutilidad para registrar apuntes de ningún tipo. Esa era toda la magia de esa libreta, ser inútil. Pero un objeto mágico al fin.


Pensó que debía haber algo que pudiera escribir en esa libreta. Quizá otro objeto, de apariencia tan vulgar, tan común como esa libreta escondiera el poder de trazar líneas, escritura, ideas en ella.
Adquirió la costumbre de coleccionar todo tipo objetos para escribir, lapiceras comunes o raras, bolígrafos, plumas fuente, plumas antiguas. Plumas de diversas aves. Plumas de escritores famosos. Nada ponía mácula en las hojas de la libreta.


Pasado algunos años, caminando por un balneario conoció a Rita. Todavía recuerda que fue una fría tarde de verano (si, dije bien. A veces hace frío en verano. Si en el invierno tenemos días calurosos y los llamamos veranillos ¿por que no va a haber inviernillos en verano ?). “Fue una fría tarde de verano, contemple su belleza y me olvidé de todo lo demás “ Siempre recuerda eso Julián. El feliz día que conoció a Rita.

Dejó sus costumbres y se dedicó a ella. Se casaron y llegaron los hijos, con ellos las incertidumbres las alegrías los trabajos las luchas. Vicisitudes y trabajos, y los triunfos del trabajo arduo. Con el tiempo, los nietos. Y el tiempo que trajo triunfos trabajos y alegrías trajo finalmente la parca. Se posó esta sobre la cabeza de Julián y dio su último suspiro, media hora después le siguió Rita.
Pasados los funerales, los hijos de Rita y Julián revisaban las reminiscencias de sus padres. Entre ellas encontraron una libreta de tapas negras. En ella había escrito un diario que empezaba así
“La conocí una fría tarde de verano....”

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